¡Cucut! ¡Tat!

Un juego que les ayuda a encontrar seguridad frente a la ausencia de la figura de apego. Escondiéndose ponen a prueba la permanencia de la imagen de la madre, durante unos instantes la dejo de ver y siento una fuerte excitación emocional sabiendo que después siempre acaba con un final feliz. La madre sigue estando aunque la haya perdido por unos instantes.

Jugando a esconderse una y otra vez aprenden que las personas y los objetos no desaparecen cuando no las tienen delante, sino que están “escondidas”.

Por otro lado es una demostración de amor. Los pequeños se esconden para que el adulto le encuentre y le demuestre una y otra vez que él es importante para ellos, para tener una prueba de que su amor permanece aunque no le vean. Me buscas porque me quieres.

Cuando decidimos adaptar nuestra casa para abrir un espacio de crianza para nuestro hijo y y otr@s niñ@s tenía muy presente que este juego no podía faltar.

Una de nuestras dudas era qué hacer con la mesa del comedor. Es algo que ocupa mucho sitio y que utilizamos puntualmente ya que comemos en la cocina. Y pensando como aprovecharla como un elemento más de juego nos surgió la idea de convertirla en una casita. Un sitio ideal donde poder jugar a esconderse. Así que decidimos hacer una Tablecloth Playhouse. Y como nos encanta hacer manualidades nos pusimos manos a la obra.

Primero hicimos una funda a la mesa con tela de loneta natural. Nos costó un poco porque las patas de nuestra mesa no son rectas y para unos costureros principiantes como nosotros fue todo un reto.

El paso siguiente fue decidir que telas queríamos para la decoración de la casita, nosotros decidimos que serían estas.

A continuación marcamos la puerta y las ventanas. Y les hicimos un marco para proteger la tela que habíamos cortado que además queda muy bien como elemento decorativo.

Cortamos tela en forma de tejas y la cosimos en la parte superior de la casita.

Finalmente las cortinas, sin ellas no se podrían esconder sin ser vistos.

¿Es más intenso el placer de ser buscado o el de ser encontrado? ¿Se podría decir que hay más intensidad en el placer de la espera para realizar una acción que en la realización de la misma?

A nuestro hijo le encanta el momento en el que lo buscamos, mientras vamos diciendo en voz alta su nombre lo sentimos reírse profundamente emocionado.

Pasados unos instantes sale a buscarnos con mucha alegría y acto seguido volvemos a repetir.

¿Os gusta como nos ha quedado nuestra casita?

Un fuerte abrazo y hasta la próxima.

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